Regreso a clases: cinco decisiones conscientes para construir una lonchera equilibrada.

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Con el regreso a clases, las familias ecuatorianas retoman horarios, actividades extracurriculares y rutinas que marcarán buena parte de los próximos meses. Entre estas tareas, preparar la lonchera puede parecer una actividad cotidiana, pero también representa una oportunidad para fortalecer hábitos de alimentación que pueden acompañar a niños y adolescentes durante toda su vida. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que una alimentación saludable durante la infancia contribuye al crecimiento y desarrollo, mientras que los hábitos alimenticios adquiridos desde edades tempranas tienden a mantenerse durante la vida adulta. Además, sus recomendaciones sobre alimentación en entornos escolares señalan a las escuelas como espacios clave para promover elecciones saludables y conscientes. 

En Ecuador, el desafío adquiere especial relevancia. Según UNICEF, una de cada tres niñas y niños en edad escolar presenta sobrepeso, una situación que forma parte de la denominada triple carga de la malnutrición y que evidencia la importancia de fortalecer hábitos saludables desde los primeros años. En este contexto, la lonchera deja de ser únicamente un complemento de la jornada escolar y se convierte en una oportunidad para enseñar, desde la práctica, que alimentarse bien también implica aprender a elegir. 

Para Edison Carrillo, CEO de LIV del grupo Agrodely, esta transformación también se refleja en la manera en que las familias se relacionan con los alimentos. Hoy existe un consumidor mucho más atento a lo que compra y a lo que incorpora en la alimentación de sus hijos. La practicidad sigue siendo importante, pero cada vez existe mayor interés por conocer los ingredientes, revisar la información nutricional y encontrar alternativas que respondan mejor a las necesidades de cada familia. Como industria, tenemos la responsabilidad de acompañar esta evolución y contribuir a que las decisiones sean cada vez más conscientes, señala. 

Esta evolución también se observa en el comportamiento de compra durante la temporada de regreso a clases. De acuerdo con datos de Agrodely, la demanda de productos asociados a esta etapa crece alrededor de un 20%, mientras las familias muestran mayor interés por presentaciones pequeñas y prácticas, especialmente en categorías como bebidas de almendra, galletas y snacks listos para consumir. El cambio no responde únicamente a una búsqueda de conveniencia. También refleja una mayor atención a la composición de los alimentos. 

Las familias revisan cada vez más las etiquetas y los semáforos nutricionales antes de incorporar un producto a la alimentación de sus hijos, buscando alternativas que combinen practicidad con mejores características nutricionales, asegura Carillo. A esto se suma una mayor atención al desayuno, una comida que puede marcar el inicio de la jornada escolar. Preparaciones como waffles, pan de yuca o smoothies pueden formar parte de distintas opciones de desayuno cuando se combinan con otros alimentos para lograr una propuesta variada y equilibrada. 

Pero ¿qué debería tener una buena lonchera? Más que seguir una fórmula única, el objetivo es construir combinaciones que aporten diferentes nutrientes y se adapten a la edad, necesidades y preferencias de cada niño. Dentro de esta búsqueda, la proteína y la fibra adquieren especial importancia, ya que forman parte de una alimentación variada y pueden ayudar a construir opciones más completas y satisfactorias. 

A partir de las recomendaciones de organismos como la OMS y UNICEF sobre alimentación saludable durante la etapa escolar, existen algunas decisiones sencillas que pueden ayudar a las familias a construir mejores loncheras: 

1. Incluir proteína y fibra en las combinaciones 

Una de las claves para construir una lonchera equilibrada es no pensar únicamente en cantidad, sino en la calidad y variedad de los alimentos que la componen. Incorporar fuentes de proteína y fibra puede contribuir a crear opciones más completas y nutritivas. La proteína puede encontrarse en alimentos como huevos, yogur, quesos, frutos secos y semillas, mientras que la fibra está presente principalmente en frutas, vegetales, legumbres y cereales integrales. La combinación puede variar de acuerdo con las necesidades y preferencias de cada niño. 

2. Hacer de la fruta una opción habitual 

Las frutas aportan vitaminas, minerales, agua y fibra, y pueden incorporarse de diferentes maneras según la edad y las preferencias de los niños. La recomendación es priorizar la fruta entera sobre los jugos, incluso cuando estos no tengan azúcar añadida, ya que la fruta entera conserva su fibra. La OMS recomienda aumentar el consumo de frutas y vegetales como parte de una alimentación saludable, por lo que convertirlos en una presencia habitual dentro de la lonchera puede ayudar a fortalecer este hábito desde edades tempranas. 

3. Leer la etiqueta antes de elegir 

Una elección consciente comienza por revisar qué contiene realmente un producto. La información nutricional, la lista de ingredientes y el semáforo nutricional pueden convertirse en herramientas útiles para comparar alternativas y tomar decisiones informadas. El objetivo no es convertir la lonchera en una lista de alimentos prohibidos, sino enseñar progresivamente a los niños y sus familias a reconocer qué están consumiendo y encontrar un equilibrio entre las diferentes opciones disponibles. 

4. Priorizar el agua y moderar las bebidas azucaradas 

 La hidratación también forma parte de una buena alimentación. El agua debería ser la bebida principal durante la jornada, mientras que las bebidas con azúcares libres deberían limitarse. En este contexto, las presentaciones individuales y de menor tamaño pueden responder a una necesidad práctica de las familias, especialmente cuando se busca controlar las porciones y facilitar el consumo durante la jornada escolar. 

5. Pensar en la alimentación como un conjunto, no solo en la lonchera 

La alimentación durante la jornada escolar comienza antes de abrir la lonchera. El desayuno también cumple un papel importante y puede ser una oportunidad para incorporar diferentes grupos de alimentos. 

Opciones como waffles, pan de yuca o smoothies pueden formar parte de desayunos variados cuando se combinan con fuentes de proteína, frutas y otros alimentos que completen la propuesta nutricional. De esta manera, la lonchera y el desayuno pueden entenderse como parte de una misma rutina de alimentación, en lugar de decisiones aisladas. 

Desde esta perspectiva, preparar una lonchera equilibrada no significa buscar una combinación perfecta todos los días. Significa desarrollar progresivamente la capacidad de elegir, variar los alimentos, leer la información disponible y encontrar alternativas que funcionen para cada familia. 

“Cada elección cuenta. Cuando una familia revisa una etiqueta, incorpora una fruta, busca alimentos que aporten proteína y fibra, prioriza agua o encuentra una alternativa práctica que se ajuste a sus necesidades, está enseñando a sus hijos que alimentarse también implica tomar decisiones”, concluye Carrillo. 

El regreso a clases puede convertirse así en algo más que el retorno a una rutina: puede ser una oportunidad para construir, desde pequeñas decisiones cotidianas, una relación más consciente con los alimentos.

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